No había nada especial en aquella mañana. Comprendí de golpe que nunca más existirían mañanas especiales, ni tampoco tardes, ni noches. Ya no creía en nada, no creía ni en mí. Nada me importaba ya, ni siquiera el no creer. Todas mis ilusiones sin hundían en un abismo sin final, sin fondo. No existía, incluso, la ilusión de que no existieran más ilusiones. Todo me daba lo mismo: vivir, morir... En una palabra: alcanzaba el grado de inanidad supremo, ese grado que me permitía quitarme de encima esa pesada capa que hasta ese momento había imaginado como mi yo. No me sentí ni mejor ni peor. Una profunda indiferencia me impedía analizar mi estado interior. Deduje que lo esencial consistía en seguir respirando hasta que, fortuitamente, dejara de hacerlo. Aparte de eso, todo me sobraba. No quería más fundamentos, más sueños a los que asirme. Con todo lo que había experimentado hasta entonces tenía bastante como para sentirme lo suficientemente desengañado de toda fe, de toda idea, de toda acción que llevara adosada a sus espaldas un fin determinado o indeterminado. No más arrebatos.
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03 mayo 2007
No más arrebatos
No había nada especial en aquella mañana. Comprendí de golpe que nunca más existirían mañanas especiales, ni tampoco tardes, ni noches. Ya no creía en nada, no creía ni en mí. Nada me importaba ya, ni siquiera el no creer. Todas mis ilusiones sin hundían en un abismo sin final, sin fondo. No existía, incluso, la ilusión de que no existieran más ilusiones. Todo me daba lo mismo: vivir, morir... En una palabra: alcanzaba el grado de inanidad supremo, ese grado que me permitía quitarme de encima esa pesada capa que hasta ese momento había imaginado como mi yo. No me sentí ni mejor ni peor. Una profunda indiferencia me impedía analizar mi estado interior. Deduje que lo esencial consistía en seguir respirando hasta que, fortuitamente, dejara de hacerlo. Aparte de eso, todo me sobraba. No quería más fundamentos, más sueños a los que asirme. Con todo lo que había experimentado hasta entonces tenía bastante como para sentirme lo suficientemente desengañado de toda fe, de toda idea, de toda acción que llevara adosada a sus espaldas un fin determinado o indeterminado. No más arrebatos.20 octubre 2006
Andando de noche
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