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03 mayo 2007

No más arrebatos

No había nada especial en aquella mañana. Comprendí de golpe que nunca más existirían mañanas especiales, ni tampoco tardes, ni noches. Ya no creía en nada, no creía ni en mí. Nada me importaba ya, ni siquiera el no creer. Todas mis ilusiones sin hundían en un abismo sin final, sin fondo. No existía, incluso, la ilusión de que no existieran más ilusiones. Todo me daba lo mismo: vivir, morir... En una palabra: alcanzaba el grado de inanidad supremo, ese grado que me permitía quitarme de encima esa pesada capa que hasta ese momento había imaginado como mi yo. No me sentí ni mejor ni peor. Una profunda indiferencia me impedía analizar mi estado interior. Deduje que lo esencial consistía en seguir respirando hasta que, fortuitamente, dejara de hacerlo. Aparte de eso, todo me sobraba. No quería más fundamentos, más sueños a los que asirme. Con todo lo que había experimentado hasta entonces tenía bastante como para sentirme lo suficientemente desengañado de toda fe, de toda idea, de toda acción que llevara adosada a sus espaldas un fin determinado o indeterminado. No más arrebatos.

20 octubre 2006

Andando de noche

"Al igual que amas los libros que te hacen llorar, las sonatas que te han cortado el aliento, los perfumes que te insinúan renunciamientos, a las mujeres extraviadas entre el cuerpo y el alma, así sucede con los mares: te enamoras de aquellos cuyo oleaje induce a ahogarte en su seno". Estas palabras de Cioran se aproximan a mi forma de ser, de sentir la vida, de andar por la noche en el silencio de las calles sin buscar nada, ni esperar nada. Con el paso de los años las ilusiones se van agotando.