El mar está tranquilo, con una extraña quietud que refleja la luminosa liviandad de este sol de febrero. Camino al azar, sin importarme donde acabaré. Es una sensación extraña andar con unas gruesas botas sobre la arena, hundiéndome en ella, profundamente, como me gustaría sumirme en ti. Continúo caminando hacia levante, buscando recibir el sol de frente, mezclado con la fresca brisa de esta mañana de domingo. Todo está desierto. No hay nadie más sobre la playa. Únicamente un perro que juguetea a lo lejos, al borde del agua. Él no necesita a nadie para sentirse feliz. Le envidio.
13:30h. El sol choca contra el muro de la casa, inundando de calor el porche donde estoy sentado. Me alegro que hoy sea un día lleno de luz. La tristeza podría llegar fácilmente. Esa tristeza llena de recuerdos, de opresora angustia.
Tampoco estoy alegre. Es una especie de indiferencia bastante grata, apetecible. Seguramente acabaré borracho con este vino barato. Me da igual.
He empezado a escribir una historia que nunca debió de nacer, ni sobre el papel ni en la vida. Me he propuesto ser totalmente sincero con mi pasado y con mi presente. Me asusta la idea, es como si existiera una especie de niebla en mi mente, rodeándola, impidiéndome atrapar el ritmo de las frases. Tal vez deseen escapar, no hurgar más en los recuerdos.
15:25h. Una vez soñé que quería ser alguien, desperté al poco rato con un sudor frío y una fuerte palpitación en el corazón. Ser alguien era mucho peor que no ser nadie. Es tan desagradable tener que justificar los actos, los propios pensamientos, responder ante unas espectativas ajenas a uno mismo. Y hay que amar y decir que se ama, con una sonrisa dibujada en los labios. El secreto está en no ser nadie, en no querer ser nadie.
16:38h. El 99% de los antiguos bebedores que no han probado una sola gota de alcohol en cinco años dejan de beber definitivamente, el uno por ciento restante se toman unas copas para celebrar tanto esfuerzo inútil. En el fondo, la vida sigue siendo igual de absurda con alcohol o sin él.
¿Quiero encontrarme a través de estas páginas? ¿Si ya no creo en nada, o en casi nada, por qué voy a creer en estos escritos, en un posible significado de lo que en ellos voy reflejando? Escepticismo total y global, siempre seré un extraño a mí mismo al no encontrar ese vínculo con la vida, con las ilusiones, ese oasis en la nada. Como dijo Oscar Wilde: Todos matamos a lo que más queremos. Unos con cruel mirada, otros con palabras cariciosas, los cobardes con el beso de Judas y los valientes con la espada.
Aún me quedan unos minutos más para seguir escribiendo, justo hasta las cinco de la tarde, hora en la que cerraré este cuaderno sin saber a qué me dedicaré después. Seguramente a buscar compañía. Necesito acariciar a alguien, acariciarme a mí mismo a través de otro cuerpo.